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LA CAPILLA PAZZI

Fue encargada por la familia Pazzi en 1441 a Filippo Brunelleschi, fue su última obra. A la pequeña capilla Pazzi que se accede desde el claustro de la basílica de la Santa Croce (Florencia), ya que se encuentra ubicada en el jardín de ésta.
Se trata de un edificio de pequeñas dimensiones y con un pórtico cubierto por bóveda de cañón, que se construyó como recinto funerario de los Pazzi. Esta capilla ha sido considerada como el ejemplo más representativo de la arquitectura de Brunelleschi, quien aquí muestra, una vez más, además de la cita de elementos clásicos su preocupación por el empleo adecuado de las proporciones y de la armonía, empleando como medida la proporción áurea (ya empleada anteriormente por los griegos en sus templos) en el diseño de su planta y fachada.

De planta rectangular (centralizada) con cúpula central y pórtico (la suma de ambos elementos genera un cuadrado), es, por diversos aspectos, la más avanzada en las soluciones arquitectónicas de este arquitecto. Su fachada es un pórtico de cinco tramos entre seis columnas de orden compuesto, los cuatro extremos adintelados y el central en forma de arco de triunfo semicircular muy alto y de doble anchura, que se cubre por una bóveda de cañón.

Sobre tal pórtico se alza un ático decorado con pilastras corintias y seccionado por el gran arco del centro, que se corona en una cornisa muy ornamentada. Combina el adintelado griego con el arco central de origen romano. Arriba sobresale la cúpula con su linterna. Esta organización del pórtico, en el que combina la disposición adintelada con el arco central, supone una innovación que ha de ser modelo o fuente de inspiración para numerosos arquitectos.
La cubierta de esta capilla es una cúpula semiesférica sobre pechinas, coronada por una linterna y horadada por una serie de óculos dispuestos en la base de la misma, uno en cada plemento.

El espacio interior (las paredes) se articulan mediante el empleo de pilastras clásicas y entablamentos, generando una imagen rítmica y armoniosa del edificio. En el interior se abre una capilla donde se coloca el altar, ornamentada con pilastras adosadas con acanaladuras.
El pórtico combina arco central con vanos adintelados y frisos a base de tondos y estrigilos. El interior sirvió de modelo a Miguel Ángel para la sacristía de la basílica de San Lorenzo.

“Observamos enseguida que esta capilla tiene muy poco en común con cualquier templo clásico, pero menos todavía con las formas empleadas por los arquitectos góticos. Brunelleschi combinó columnas, pilastras y arcos en su propio estilo para conseguir un efecto de levedad y gracia distinto de todo lo realizado anteriormente. Detalles como el esquema de la puerta, con su frontón clásico, muestran cuan atentamente había estudiado las ruinas de la Antigüedad y edificios como el Panteón. (...) Aún vemos esto con más claridad cuando entramos en la iglesia. Nada en este brillante y bien proporcionado interior tiene que ver con los rasgos que los arquitectos góticos tenían en tan alta estima. No hay grandes ventanales, ni ágiles pilares. En lugar de ellos, la blanca pared está subdividida por grises pilastras que comunican la idea de un “orden clásico”, ya que no desempeñan ninguna función en la estructura del edificio. Brunelleschi sólo las puso allí para destacar la forma y proporciones del interior.”

“El caudillo del grupo de jóvenes artistas florentinos fue un arquitecto, Filippo Burnelleschi (1377-1446). Él fue el encargado de terminar la catedral de Florencia. Era de estilo gótico, y Brunelleschi tuvo que dominar totalmente los principios que formaron parte de la tradición a la que aquella pertenecía. Su fama, en efecto, es debida en parte a principios de construcción y de concepción que no habrían sido posibles sin su conocimiento del sistema gótico de abovedar. Los florentinos desearon que su catedral fuera coronada por una cúpula enorme, pero ningún artista era capaz de cubrir el inmenso espacio abierto entre los pilares sobre los que debía descansar aquella cúpula, hasta que Brunelleschi ideó un método para realizarla. Cuando fue requerido para planear nuevas iglesias y otros edificios, decidió dejar a un lado el estilo tradicional, adoptando el programa de aquellos que añoraban un renacimiento de la grandiosidad romana. Se dice que se trasladó a esta ciudad y midió las ruinas de templos y palacios, sacando apuntes de sus formas y adornos. Nunca fue su intensión copiar esos antiguos edificios. Difícilmente hubieran podido ser adaptados a las necesidades de la Florencia del s. XV. Lo que se propuso fue conseguir un nuevo modo de construcción, en el cual las formas de la arquitectura clásica se empleasen libremente con objeto de crear modalidades nuevas de belleza y armonía. Lo que sigue siendo más sorprendente es que realmente logró imponer ese programa. Durante casi cinco siglos los arquitectos de Europa y américa siguieron sus pasos”.


Ernst Gombrich