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PUENTE ROMÁNICO DE EL BARCO DE ÁVILA

El puente románico de El Barco de Ávila, conocido en el paraje como “el puente viejo”, es uno de los puentes de la península más representativos en cuanto a estilo románico. El aspecto románico tan característico hubo de adquirirlo entre los siglos XII o XIII, porque este puente no fue construido de la nada: los romanos ya habían edificado uno para salvar el río Tormes. La reconstrucción nombrada incluía una torre defensiva a la mitad del puente que no se conserva, ya que fue destruida durante la Guerra de la Independencia, s. XIX.

Es una construcción del tipo civil utilitaria, ya que no pretende conmemorar nada, simplemente facilitar el paso de una orilla a otra. El puente es bastante amplio. Su altura, que es más bien baja, es mayor en el centro, dándole una forma ligeramente apuntada o alomada que resuelve en dos suaves pendientes hacia sus accesos. El motivo de esto es que los arcos que componen su estructura son más altos en el centro por si se diese una crecida de caudal.

Son estos arcos nombrados los que le dan el aspecto románico. Como particularidad, este puente cuenta con ocho, cuando lo normal es que los puentes estén conformados por un número impar de arcos. Además de los característicos arcos de medio punto también se pueden ver arcos apuntados, sin reconocerse dos iguales en toda la construcción con respecto a la altura, la anchura y la forma. Las dovelas que dan forma a los arcos son todas iguales, sin distinguirse una pieza principal o clave. Los pilares que separan los arcos son muy anchos, lo que también da a la construcción ese aspecto románico de robustez. En el lado de frente a la corriente podemos ver unos corta-aguas, que son unas estructuras en forma de prisma triangular adosadas a los pilares que dividen la corriente que llega a los pilares para aligerar la presión que pueda ejercer sobre el puente.

Los materiales sobre los que se alza son sillarejos de piedra unidos mediante argamasa, aunque es probable que en su cimentación en el fondo del río se hayan utilizado grandes sillares para hacer la construcción resistente al caudal (muy abundante en este río). Los huecos en la cimentación se solían rellenar con cascotes, ya que si hubiese algún espacio el agua podría entrar en él y desgastar los cimientos o hacer presión hasta hacerlos caer. Los lados del tablero están delimitados por los pretiles. Estos, en su parte superior (lo que haría de barandilla), tienen un acabado de piedra en forma de teja. Toda la superestructura recae sobre los pilares, como ocurre en toda construcción románica: el peso, nada ligero, cae directamente en los muros y por esto las construcciones son algo más bajas y los muros mucho más anchos. Esto confiere al puente un aspecto robusto, con un aire de fortificación medieval que se vería incrementado por la torre defensiva que había en el centro.

Pese a la asimetría de los arcos, es una construcción bastante armoniosa que inspira estabilidad y fortaleza. Todo esto se refuerza por la suave curva que forma el tablero, la cual iguala las alturas laterales e incluso da una sensación de alargamiento del puente al fundirse finalmente con el nivel de las orillas del río. La anchura del puente hace que el interior de sus arcos quede en una penumbra constante: esa sombra otorga mayor profundidad a la construcción y recuerda a las oscuras catedrales e iglesias románicas con escasos ventanales. También recuerdan a las catedrales los corta-aguas, que se asimilan a los contrafuertes que sustentan los gruesos muros. La ausencia de elementos ornamentales apoya esa sobriedad simple tan característica del románico con raíces romanas: es una construcción que pretende ser útil y no estética.


En la Edad Media, la construcción de puentes era muy escasa, e incluso hubo una época en la que se llegaron a destruir varios, pues se pensaba que era una facilidad para el enemigo atacante. En muchas ocasiones se construía en su eje central una torre de vigilancia para prevenirse de posibles ataques. También se han encontrado vestigios de arcos en alguno de sus dos accesos, que podían funcionar como aduanas para el transporte de mercancía.

Este tipo de arquitectura civil nos ayuda a comprender un poco más una época bastante oscura de la Historia; la mentalidad defensiva, las trabas comerciales y de paso... Mil fronteras que creíamos superadas por pertenecer a épocas tan arcaicas, pero que si miramos bien, siguen ahí, transformadas en vallados kilométricos.

María Moreno 2ºB (2012)