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8 DE MARZO: EL DÍA DE LA MUJER

El 8 de Marzo se celebra el día de la Mujer. Un día en el que tod@s debemos reivindicar la igualdad con los hombres a todos los niveles. En la Historia del Arte apenas tendremos ocasión ocasión de hablar de alguna artista. No es que no existieran, mas bien muchas veces quedaron relegadas a un segundo plano o incluso su trabajo fue usurpado por los hombres que las rodeaban, este es el caso de Luisa Roldán "La Roldana":

Luisa Roldán [1656-1704] trabaja todo el día en el taller familiar. Es un momento en el que el taller ha recibido encargos muy importantes que hacen que mejore la situación económica de la familia afincada en Sevilla, a donde llegaron desde Granada. Corre el año 1683; Luisa Ignacia Roldán Villavicencio, la misma que la historia reconocerá como La Roldana, es una gran escultora. Acaba de cumplir veintisiete años, pero ya lleva veinte mirando atentamente el trabajo en el obrador de su padre, él ha observado detenidamente la capacidad que la niña tiene para la expresión artística y le ha enseñado a dibujar y a modelar; Luisa jugará con las herramientas en sus primeros pasos entre la escultura y la imaginería, arte en que destacará como una genial maestra y como la mejor discípula de su padre, Pedro Roldán, en un taller que goza de un gran renombre.

Muchas veces Luisa ayudará a su hermana Francisca, la que será ilustre pintora, dibujante y doradora de retablos que además de ejercer como una reconocida artista enseñará a uno de sus hijos el arte de estofar y encarnar las esculturas, ayudándole a convertirse posteriormente en un famoso escultor sevillano. Son tres las hermanas, Francisca, María y Luisa, las tres hijas mayores, que trabajan en el ahora próspero taller de la familia con encargos importantes como el de la catedral de Sevilla que, con el paso de los años, se transformará en la Capilla del Sagrario.

La Roldana, como mujer de su época, pone su arte al servicio de la religión buscando, a través de sus imágenes, la reafirmación en la fe católica. Para conseguir esta simbiosis ha necesitado dedicar un tiempo importante a la lectura, algo que no pueden hacer todas las mujeres. Su arte está inspirado e informado por una profunda formación religiosa que promueve el diálogo entre la imagen creada y quien la contempla; es muy posible que manejara obras literarias y libros sagrados.

El matrimonio de Luisa no es del agrado de la familia y, por tanto, no recibe ayuda de ella. Así la escultora deberá trabajar para conventos, iglesias, cofradías y particulares, porque su trabajo es el dinero principal que entra en la casa para mantener a una familia numerosa en la que algún hijo o alguna hija morirá tempranamente debido a la gran mortandad infantil de la época. Trabaja para atender a su familia, pero lo hace con el esmero y el gusto de una gran artista con ganas de triunfar. Luisa está alcanzando fama en Sevilla y empieza a recibir encargos de otras ciudades.

Hacia el año 1686, marcha con su familia a Cádiz, donde los regidores municipales han propuesto al Cabildo Municipal que, para mayor gloria de la ciudad, se encargen unas buenas esculturas de San Servando y San Germán, patronos de la misma, a la que está considerada como única escultora de su tiempo, Luisa Ignacia Roldán, que trabajaba y residía en la ciudad, haciendo figuras para la nueva catedral. Son tantos los encargos que desarrolla la escultora en estos años de Cádiz y tan grande la maestría adquirida en todos los trabajos realizados, que dos años después marcha con la familia a Madrid bajo la protección del que era ayuda de cámara del rey Carlos II. El carácter de Luisa Ignacia es sensible y afectivo aunque también valiente y decidido, lo ha manifestado con la decisión de contraer matrimonio aún sin el beneplácito familiar. En estos años es difícil que una hija dé ese paso en contra de la familia.

Ya en Madrid solicita la plaza de escultora real, presentando pequeños y deliciosos grupos escultóricos con la intención de conseguirla. Por fin obtiene el título en octubre de 1692, realizando la imagen de Santa Clara para el convento de las Descalzas Reales, obra que firma como escultora de cámara y esculpiendo también, por encargo del rey, su obra cumbre, el arcángel San Miguel con el diablo en los pies que se encuentra en El Escorial. El trabajo en palacio no mejora su situación económica, puesto que los impagos eran frecuentes. La artista tiene que recurrir a su firme carácter para recuperar el dinero que se le debe. Al morir el rey, temiendo que peligre su puesto de trabajo, tiene la iniciativa de presentar al nuevo rey Felipe V dos obras, junto a la solicitud de continuar siendo escultora de cámara. Lo consigue a la segunda solicitud, en 1701.

Luisa Ignacia Roldán, la Roldana muere en plena actividad artística, con cuarenta y ocho años. Además de ser una incansable trabajadora, es una artista que ha conseguido dotar a sus esculturas de emoción, expresividad y armonía y que ha conseguido ser la más destacada escultora barroca, ocupando su nombre un lugar de privilegio en el arte barroco español.

B i b l i o g r a f í a:
GARCÍA OLLOQUI, Mª. V.; La Roldana escultora de cámara. Sevilla. Diputación de Sevilla, 1977.